¿Dónde está la izquierda?

No defender el matrimonio igualitario es renunciar a la esencia de la izquierda: la emancipación de las personas de cualquier dominación arbitraria. Voltear hacia otro lado mientras se propugna por limitar los derechos de una minoría es la negación de la igualdad como fin último de la política de izquierda.

Por Carlos Monroy

Aceptémoslo, en estos últimos meses en México vivimos el surgimiento de un “momento conservador”. Que la Iglesia Católica y varias iglesias protestantes se pronuncien en contra del matrimonio igualitario, el derecho a decidir o la educación sexual no es nada nuevo. No obstante, la organización de una campaña nacional por parte de estas iglesias, grupos civiles y miembros de partidos políticos (Encuentro Social y el PAN en varios estados) es un hecho inédito en los últimos años. Peor aún, la virulencia de esta campaña es mayor: el enemigo no es sólo el matrimonio igualitario, es toda la “ideología de género” (ese hombre de paja que sólo existe en la cabeza y panfletos de los dirigentes del Frente Nacional por la Familia y en los jerarcas de la Iglesia).

Estos grupos abogan no sólo por privar de derechos a la población LGBTTTI, sino también al estudiantado, de una educación sexual, ya no se diga de calidad, sino con los conocimientos básicos para tener una vida sexual sana –sí, las y los adolescentes tienen sexo con clase de sexualidad o sin ella. Resulta notable que el origen de este resurgimiento está en la irresponsabilidad presidencial y del partido en el poder.

Hace poco más de un año, celebrábamos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación había “legalizado” el matrimonio igualitario. Faltaba que los estados “armonizaran” sus códigos civiles con la jurisprudencia de la Corte, pero el matrimonio igualitario ya era (es) constitucional. No obstante,  Peña Nieto, en una movida que se asemeja a su estrategia de invitar a Trump a Palacio Nacional, decidió promover una reforma (totalmente innecesaria porque el tema es local) para establecer el matrimonio igualitario desde la Constitución. La propuesta de reforma respondió más a una estrategia de corto plazo para ganar legitimidad (algo que tanto necesita este gobierno) que a una convicción genuina del presidente o su partido. La mayor consecuencia de esta iniciativa presidencial ha sido revivir una discusión que ya se daba por concluida. Incluso, estos grupos conservadores han propuesto reformar la Constitución para sólo reconocer la “familia natural”.

A diferencia de 2009 y 2010 cuando sucedió la discusión sobre el matrimonio igualitario, después de la renuncia del PRI a defender el tema en el Congreso, hoy hay un vacío institucional en la defensa del matrimonio igualitario. Peor aún, la izquierda institucional, que naturalmente debería ser la defensora de la igualdad y la promoción de derechos hoy se encuentra borrada del tema: por un lado, el PRD está perdido entre la administración de Mancera y la irrelevancia de su dirigencia; por otro lado, MORENA, atrapado entre el cálculo electoral y el conservadurismo de López Obrador. En ambos partidos existen militantes que han defendido los derechos de la población LGBTTTI (siempre hay que recordar que un partido no es sólo la dirigencia), pero cuyo esfuerzo se ve silenciado por la actuación o indolencia  de sus dirigencias.

¿Dónde está la izquierda? La revolución del matrimonio igualitario sucedió en el Distrito Federal hace seis años. La reforma al código civil local se vio entonces como parte de una agenda progresista impulsada desde la jefatura de gobierno. Durante la actual administración local, esta agenda se ha disipado como un proyecto comprehensivo de izquierda entre las obras faraónicas del ejecutivo local (llámense deprimidos o corredores culturales), el resurgimiento de la violencia y el crimen, y un proyecto excluyente de constitución local. Peor aún, las banderas del matrimonio igualitario y el derecho a decidir han sido desgastadas por el gobierno de Mancera al usarlas para solapar las violaciones de derechos humanos de su gobierno. ¿Qué importa que aquí maten periodistas y que mis granaderos den palizas a manifestantes si aquí tenemos matrimonio igualitario y aborto legal? El mantra del matrimonio igualitario ha sido usado hasta el cansancio por el gobierno de Mancera cada vez que se cuestiona su compromiso con los derechos humanos.

El problema de fondo del PRD es que el extravío de sus gobernadores y dirigentes se ha contagiado al resto del partido: frente a la organización de estos grupos conservadores, fuera de declaraciones aisladas o manifestaciones esporádicas (pocas cosas más desalentadoras que Beatriz Mojica manifestándose afuera de la Secretaría de Gobernación en Bucareli con un puñado de personas), la respuesta de este partido se encuentra aparcada junto con su desaparecido proyecto nacional de izquierda. No podría ser de otra manera cuando parte de su cúpula planea lanzarse en alianza nacional (como si las alianzas estatales fueran equivalentes a una gran alianza federal) con uno de los partidos que más se ha opuesto al matrimonio igualitario: el PAN.

MORENA es quizás el mejor ejemplo de la esquizofrenia que vive nuestra izquierda. No dudo que haya voces críticas dentro del partido que desafían la opinión de AMLO sobre el matrimonio igualitario, pero resultan sorprendentes las piruetas argumentativas que los militantes de MORENA se ven obligados a hacer por las declaraciones de Obrador: que los derechos no pueden ser impuestos desde “arriba” por la Corte (ignorando la función primera de un tribunal constitucional, que es interpretar la Constitución y ser un instrumento contra-mayoritario); que debemos entender que México es un pueblo católico y por eso la resistencia a reconocer los derechos de la población LGBTTI es justificable (argumento que probablemente hubiera hecho sonrojar a los constituyentes de 1857); o de plano, mejor afirmar que los que no entendemos somos nosotros, que MORENA no es izquierda, sino es un movimiento popular que está más allá de los ejes izquierda-derecha, liberal-conservador (algo así como la gran familia revolucionaria de la época de oro del PRI, el Revolucionario Institucional lo es todo y es nada). Algunos en MORENA están dispuestos a dar la espalda a las personas que militan en esa organización y que han hecho trabajo de activismo en el movimiento LGBTTI con tal de justificar a Andrés Manuel.

No defender el matrimonio igualitario es renunciar a la esencia de la izquierda: la emancipación de las personas de cualquier dominación arbitraria. Voltear hacia otro lado mientras se propugna por limitar los derechos de una minoría es la negación de la igualdad como fin último de la política de izquierda. A veces en MORENA se extraña el espíritu de crítica y pluralidad que debería regir dentro de cualquier partido en democracia: si este gobierno priista ha fracasado ha sido porque el presidente escucha lo que quiere escuchar y se rodea de gente que le dice lo que quiere oír.

La derecha (sí existe aunque queramos decir que la democracia ha superado estas etiquetas) está organizada para limitar derechos alcanzados después de años de lucha. La oposición al Frente Nacional por la Familia ha surgido de la sociedad civil, que se ha movilizado y ha contestado a las mentiras promovidas por este movimiento. La opinión contra los derechos de las personas LGBTTTI por parte del PAN y de sectores del PRI no es nada nuevo. Lo que sorprende hoy es el enmudecimiento y hasta indolencia de la izquierda partidista en la defensa del matrimonio igualitario.

En estos tiempos en los que grupos conservadores promueven el odio, la izquierda haría bien en retomar la solidaridad como principio rector: los derechos sociales y los derechos económicos no se encuentran antepuestos. Ninguna persona puede ser libre cuando carece de los medios mínimos para desarrollarse, pero tampoco cuando es discriminado y marginado por el simple hecho de ser quien es.

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