Los silencios de Gilmore Girls (sí, con spoiler al final)

En una serie políticamente liberal, que suscribe al menos cierto grado de feminismo (sí, blanco, privilegiado y light) y que decide enfrentar a varios de sus personajes centrales con embarazos no deseados, existe un silencio importante y revelador.

Foto: Netflix

Por Isabel Fulda

Mi vida cambió de manera profunda y permanente a partir de 2004. Pero Gilmore Girls ahí seguía. De alguna manera, es una de las pocas constantes de mi temprana adolescencia que puedo recordar, al menos con nostalgia. La relación entre Rory y Lorelai me parecía fascinante. En parte, creo, me daba envidia. Pero también la agradecía, como un bello recordatorio de que había otras maneras de vivir, de querer, de cuidarse. Agradecía el cariño medio disfuncional existente entre los personajes de Stars Hollow, el mensaje de que los lazos sanguíneos no eran el único ni más importante determinante de familia y la idea de que ser una niña nerd tampoco estaba mal. En 2007, la serie concluyó después de siete temporadas.

Hace unos meses, Netflix anunció que estrenaría cuatro nuevos episodios de Gilmore Girls, situados nueve años más tarde de lo que fuera la temporada final. Esto, y un montón de tiempo libre, me llevó a ver de nuevo la serie entera en espera del estreno. La disfruté de manera en general por las mismas razones que antes. Pero también le encontré elementos nuevos que me incomodaron. Algo en particular me saltó, quizás por lo acostumbrada que estoy ya a hablar del tema y lo sensible que me he vuelto a las implicaciones políticas de su omisión: Gilmore Girls no habla de aborto. Para una serie políticamente liberal, que suscribe al menos cierto grado de feminismo (sí, blanco, privilegiado y light) y que decide enfrentar a varios de sus personajes centrales con embarazos no deseados, me parece un silencio importante y revelador.

La historia ya la conocemos. A sus dieciséis años, Lorelai se embarazó de su novio y, para el comienzo de la serie, tiene una hija de esa misma edad, Rory. Sabemos, obviamente, que continuó con su embarazo. Pero, a pesar de que el tema se trata una y otra vez desde diferentes ángulos, personajes y espacios temporales, nunca sabemos realmente qué hubo detrás de esa decisión. No tenemos pistas sobre si Lorelai alguna vez consideró la posibilidad de interrumpir su embarazo, sus razones para descartarlo, si lo comentó con su novio, con sus padres, con alguna amiga, si conocía la legislación de su estado con respecto al tema dada su minoría de edad. La narrativa parece limitarse a describir que Lorelai se embarazó y entonces fue madre. Pero sabemos que esto no siempre es así y que adolescentes en sus mismas condiciones optan por interrumpir sus embarazos todos los días. La alternativa, por no mencionarse, queda anulada. El silencio, creo, parece asumir que esto no fue de hecho una decisión y la pregunta sobre su agencia con respecto al embarazo se centra en su reticencia a casarse y su mudanza a Stars Hollow.

xhxulup

En la habitación de Rory Gilmore vemos un cartel que dice “¡Detengamos la guerra contra [el derecho a] la decisión!”

Más tarde, la serie nos presenta el caso de Sookie, quien tras el nacimiento de su segunda hija le dice a su esposo Jackson que no quiere tener más hijos. En ese momento le pide que se haga una vasectomía. Se sobreentiende que él acepta y se marcha al procedimiento. Unos años más tarde descubrimos que está embarazada de nuevo. ¿Cómo? Su esposo le mintió y, a pesar de haberle dicho lo contrario, nunca se hizo la vasectomía. ¿No era obvio que esto podía pasar? Claro. La defensa de Jackson es que pensó que ella seguiría tomando pastillas anticonceptivas. En otras palabras, se le hizo fácil. Al enterarse, Sookie se enoja (no es para menos, está embarazada contra su expresa voluntad y por culpa de su pareja) y sale de la casa a desahogarse. Lorelai, su mejor amiga, la escucha y le da la razón, pero se remite a convencerla de que la maternidad también tiene elementos positivos. Nadie menciona nada más, no parece existir ninguna alternativa. Continuar con el embarazo (y, de paso, perdonar a su esposo cuya mentira queda minimizada) parece ser su única opción.

Unos capítulos más tarde, tras regresar de una desastrosa luna de miel y una terrible primera experiencia sexual, Lane –uno de los personajes más emocionantes de Gilmore Girls hasta ese momento— descubre que está embarazada. Asustada y enojada con su situación, se desahoga con su mejor amiga, Rory. Lane expresa que algún día le gustaría ser madre, pero no ahora. No está lista, es muy joven, tiene un incierto, pero emocionante futuro como baterista de una banda de rock. Su rechazo al embarazo es claro. Rory la escucha y simplemente responde, “vas a ser mamá” (no, Rory, no necesariamente. No tendría que recordártelo porque, ¡tienes un poster de Planned Parenthood colgado en la pared de tu cuarto!) y se limita a convencerla de que será una madre competente. El silencio con respecto a alguna otra alternativa, de nuevo, prevalece.

Las amistades entre mujeres son uno de los elementos más entrañables de Gilmore Girls. Capítulo tras capítulo las vemos acompañarse, cuestionarse, hablar de sexo, de desamores, de sueños profesionales. ¿Por qué no hablarían también de aborto? ¿Por qué atreverse a escribir una serie que lidia de manera frontal –y repetida— con embarazos no planeados y no deseados, pero calla sobre esta posibilidad tan real? Este silencio contradice la apuesta (valiente, diría yo) de la serie por una nueva forma de contar historias, de presentar maternidades, de imaginar familias.  Y nos deja con un montón de maternidades que, al menos a primera vista, parecen obligatorias.

Y entonces llegamos a las tan anunciadas últimas cuatro palabras de los nuevos episodios de Gilmore Girls (si usted todavía no los ha terminado tal vez ahora es el momento para dejar de leer).

-Mamá

-¿Sí?

-Estoy embarazada

Después de tantos años, la serie concluye con otro embarazo no planeado, el de Rory. El final apunta a la misma suposición que el resto de los embarazos de la serie: si Rory está embarazada, será madre. El final pretende concluir con un paralelismo entre las vidas de Rory y Lorelai: ella criará a una hija sola; Logan cumplirá el papel de Christopher en su vida; Jess el de Luke. Y sí, en caso de quererlo así, puede hacerlo y seguramente lo haría muy bien. Pero también podría tomar la decisión contraria. Después de todo, vive en Estados Unidos –y en Connecticut, uno de los pocos estados sin restricciones adicionales para acceder al servicio de interrupción del embarazo—, donde esto es una posibilidad real para miles de mujeres como ella, particularmente con su privilegio económico. Probablemente no veremos más Gilmore Girls. Pero quisiera pensar que, si lo hiciéramos, los creadores de la serie se atreverían al fin a hablar del tema. Porque la maternidad no tendría que ser una obligación impuesta por la ausencia de alternativas. Para Rory ni para nadie.


Isabel Fulda es politóloga del CIDE. Ha sido analista en temas de género, educación y derechos humanos. De 2012 a 2015 trabajó en GIRE, una organización dedicada a la defensa de los derechos reproductivos en México. Actualmente se encuentra en Londres cursando una maestría en Teoría Legal y Política en UCL.

Anuncios

Populares

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: