Defenderé al neoliberalismo como un perro

El acuerdo para el fortalecimiento económico anunciado por Peña muestra no una respuesta al tema del alza de precios de la gasolina, sino una última defensa de un modelo económico, político y social fallido.

Crédito: Presidencia de la República

Por Alejandro de Coss y Carlos Brown Solà

Hegel señala que los grandes hechos de la historia y sus personajes suceden, aparentemente, dos veces. Marx añade que aquél se olvidó de decir que la primera vez ocurre como tragedia y la segunda como farsa. La farsa es el Pacto que hoy lanza la administración de Peña Nieto. La tragedia fue el Pacto de Solidaridad Económica lanzado en diciembre de 1987 por el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado. El acuerdo se firmó poco antes de la presidencia de Carlos Salinas, en medio de una economía en desplome y con una inflación al alza y sin ningún freno. Entonces, la élite política y económica del país hizo oficial la llegada del neoliberalismo como política estatal. El mismo Salinas repetiría el experimento prorrogando el Pacto exactamente un año después, con los mismos actores y con un nuevo nombre: Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE).

Si el evento del 9 de enero de 2017 parece un déjà vu, es porque lo es. Hay, sin embargo, una diferencia importante: si a finales de los años ochenta, el gobierno y las élites se reunían para instalar un modelo neoliberal, hoy buscaban reunirse para defenderlo, acorralados. “En aquel entonces, el imperativo era corregir la inestabilidad en nuestra economía. Este acuerdo con los sectores productivos tiene otro objetivo: preservar lo que hemos alcanzado como nación. Hoy tenemos que cuidar y preservar la estabilidad de nuestra economía“, dijo Peña al cerrar el evento donde presentó el acuerdo.

Tanto el texto como las imágenes del anuncio del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar se volvieron la ilustración perfecta de una administración federal sin rumbo y anclada en las viejas formas. Carlos Aceves del Olmo, el Secretario General de la CTM, estaba sentado a la derecha de Peña Nieto, mostrando su reloj Patek Philippe de 400 mil pesos. A su derecha se encontraba Juan Carlos Castañón, del Consejo Coordinador Empresarial. Flanqueándolos estaban los secretarios de Hacienda, Trabajo, Gobernación y Economía, entre otros líderes sindicales y patronales. La mesa representaba el mensaje que el gobierno federal intentaba enviar: que la élite que considera como su único interlocutor apoya el Pacto. Una mesa llena de hombres poderosos llamando a la unidad a un país del que están cada vez más alejados.

Sin embargo, este anuncio reveló aún más: hoy, el grupo en el poder está fracturado. Mientras que en Los Pinos el Ejecutivo Federal presumía de unidad y solidaridad, apelando al espíritu del PRI de finales del siglo pasado, en Facebook la Coparmex mostraba la fragilidad del acuerdo. La patronal dijo, en pocas palabras, que el Pacto era improvisado, insuficiente y representación no de un proceso de consenso y diálogo, sino de su simulación. La reticencia de la Confederación dice mucho: el gobierno de Peña Nieto ha perdido el apoyo incluso de un sector importante de la élite económica del país.

Esas élites son necesarias para sostener el modelo neoliberal actual que funciona en México, el cual requiere la acción del Estado para establecer las reglas que permitan que el ‘libre mercado’ opere efectiva y eficientemente. Como menciona Fernando Escalante, el modelo neoliberal necesita “que la operación misma del Estado responda al mercado, y necesita también que el mercado esté protegido por la inercia de las instituciones democráticas”.[1] En México, lo hace a través de un sistema corrupto, cooptado y donde lo público se encuentra capturado por intereses privados. Hemos cumplido esta receta casi al pie de la letra hasta el día de hoy.

Por ello, el problema va mucho más allá del precio de los combustibles y pasa por temas como el pésimo manejo de las finanzas públicas en las últimas dos administraciones; la corrupción y opacidad en todos los niveles de gobierno; los magros resultados de la estrategia de seguridad pública de la última década; la cambiante relación con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, ante la llegada de Trump al poder; y la captura de los beneficios económicos de los últimos años en una pequeña élite. A esto se suman las fallidas políticas urbana, fiscal, energética y de infraestructuras en México en los últimos sexenios, y el muy necesario cambio en la política económica e industrial nacional, que ni siquiera está sobre la mesa actualmente.

Sólo el tiempo dirá si el acuerdo que Peña Nieto firmó con una parte de la élite económica, política y sindical de este país es capaz de acallar la protesta por ahora. Es probable que el descontento que existe en el país a causa de la desigualdad, la corrupción y la violencia continúe haciéndose ver y escuchar en las calles. Pero, aún cuando la inconformidad disminuyera, el pacto no será capaz de salvar al modelo neoliberal. Parte de sus élites lo sabe y ha actuado estos días en consecuencia. Para la oposición social y política, es momento de imaginar otras formas de construir México que le saquen de esta fársica repetición.


Alejandro de Coss es sociólogo. Carlos Brown Solà es economista e internacionalista.


[1] Escalante Gonzalbo, F. (2015). Historia mínima del neoliberalismo. El Colegio de México. p. 237

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