Nosotras paramos: lo que (aún) sigue siendo invisible

Este #8M seamos solidarias, acompañémonos en las luchas y permitámonos seguir creando espacios en los cuales todas las voces y experiencias puedan ser escuchadas y reconocidas.

Crédito: Sara Fratini

Ala Izquierda y Colectiva Justicia Sexual

Este 8 de marzo, bajo la consigna de #NosotrasParamos, diversas mujeres de al menos 54 países y más de 200 ciudades han convocado a realizar un paro acompañado de marchas y movilizaciones con el fin de visibilizar no sólo el trabajo (remunerado y no remunerado) que realizamos, sino también las condiciones en que lo hacemos y cómo éste mantiene al actual sistema económico y social. Desde sus orígenes el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, tuvo como objetivo hacer un llamado contra la falta de derechos económicos y políticos de las mujeres. Desde entonces, el paro como estrategia de presión política ha tenido resultados concretos en diversos momentos de la historia. Basta recordar la Huelga de las Mujeres de Islandia en 1975 o la Huelga contra la Penalización del Aborto de Polonia en 2016.

El poder de estas estrategias recae en que muestran el poder organizativo de las mujeres de la manera más tangible posible: a través de nuestros cuerpos. Sin embargo, no podemos obviar que poder parar o marchar representa un privilegio en todas sus dimensiones: de clase, raza, origen étnico, situación migratoria, lengua, religión, condición o no de discapacidad. ¿Quiénes efectivamente podemos salir a marchar? ¿Quiénes podemos dejar de trabajar por un día, de hacer tareas de cuidado?

Claudia Peña

Crédito: Claudia Peña

Llamar a marchar implica asumir que todas estamos en condiciones físicas y mentales de hacerlo. Pedir que dejemos de trabajar por un día asume que tenemos la suficiente seguridad laboral para no ser despedidas al día siguiente por hacerlo, o que si no percibimos ese ingreso igual tendremos suficiente para alimentar a nuestra familia. Cuando vamos a paro no todas lo hacemos en igualdad de condiciones, y para algunas hacerlo es más riesgoso que para otras. Por ello es importante visibilizar la interdependencia que existe en las condiciones laborales de unas y otras mujeres, incluso en la explotación de unas a otras.

Si bien este es el sistema en el que estamos, no es el que queremos. Para que una mujer pueda estudiar, trabajar, parar o marchar generalmente se requiere de que haya otras mujeres ejerciendo sus tareas económicas y de cuidado. El que unas sean más libres implica que otras lo sean menos. En vez de desmovilizarnos, reconocer estos privilegios debe ser el punto de partida para ser más creativas al momento de plantear estrategias de articulación política que nos incluyan a todas, para entender que las limitaciones no son idénticas, que los contextos determinan.

Este #8M seamos solidarias, acompañémonos en las luchas y permitámonos seguir creando espacios en los cuales todas las voces y experiencias puedan ser escuchadas y reconocidas.

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