#SiMeMatan

A las mujeres no las mata un metal atravesado, el impacto del coche ni un hombre con un cordón de teléfono: a las mujeres las matan por putas. A las mujeres las mata hablar, tomar, coger, sonreír, gozar, encabronarse. En fin, a las mujeres las mata vivir.

Por Tessy Schlosser

El 3 de mayo mataron a Lesvy Berlín Rivera Osorio en la UNAM. Fue feminicidio. La asfixiaron con un cordón de teléfono y expusieron su cuerpo en el jardín. La mataron y humillaron por ser mujer; la mataron y humillaron como sistemáticamente matan y humillan mujeres. La asfixiaron, como a cientos de miles de mujeres, para callarla de una vez por todas. Calladitas, nos dicen.

Después de asesinarla, a Lesvy la humillaron: la humilló una vez más el asesino al exponer su cuerpo, la humilló la UNAM al esconder el caso por casi 12 horas, la humilló la procuraduría al cuestionar su vida para investigar su muerte, la siguen humillando los que opinan que su asesinato quizá fue su culpa, la humillan quienes no le creen, ni muerta, que la asesinaron y la culpa es del asesino.

Ayer, después de la respuesta de la procuraduría, en redes sociales empezó un ejercicio de sororidad y catarsis: #SiMeMatan. Miles de mujeres imaginaron cómo sus vidas imperfectas se convertirían en la razón de sus asesinatos. A las mujeres no las mata un metal atravesado, el impacto del coche ni un hombre con un cordón de teléfono: a las mujeres las matan por putas. A las mujeres las mata hablar, tomar, coger, sonreír, gozar, encabronarse. En fin, a las mujeres las mata vivir.

La voz colectiva de #SiMeMatan es tan poderosa porque, como dice Irinea Buendía, “el silencio es el ruido de fondo del machismo”. Hace 11 años la PGR acusó a tres mujeres hñahñus de secuestrar a seis policías; hace unos meses Estela Hernández (hija de una de las acusadas) se dirigió a la procuraduría y dejó una frase marcadísima en muchos de nosotros: “hasta que la dignidad se haga costumbre”. Ellas confrontaron ese silencio con una demanda que compartimos todas las que denunciamos, hablamos, no nos callamos frente a la violencia a las mujeres y hoy, particularmente frente a los feminicidios: “hasta que la dignidad se haga costumbre”.

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