Discusión: desigualdad económica y social

20664016_1433172980109034_3358444684017691782_n

El pasado 10 de agosto, Ala Izquierda convocó a organizaciones de la sociedad civil, miembros de la academia y público en general en la Iglesia Anglicana de México a una primera mesa donde se discutió sobre la crisis de desigualdad que vive la capital del país.

La Ciudad de México es un espacio de creciente polarización y desigualdad, dentro de la que surgen cada vez con mayor frecuencia burbujas de privilegio. En la misma ciudad, a pocos kilómetros, se construyen realidades diametralmente distintas: una en la que las personas pueden ejercer sus derechos con libertad, y otra en la que la libertad se encuentra anulada por la precariedad y la marginación. La ciudad es un espacio en el que la riqueza y la pobreza condicionan las posibilidades de vivir libre y plenamente.

Ponentes

  • Víctor Aramburu. Politólogo por el Tecnológico de Monterrey, maestro en política social y desarrollo por la London School of Economics. Consultor para organizaciones internacionales y profesor de economía.
  • José Pablo Brown. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM, consultor en Fundación IDEA y miembro fundador del Observatorio de Vivienda.
  • Alejandro De Coss. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Maestro en Sociología por la London School of Economics (LSE). Actualmente, cursa un doctorado en Sociología en LSE, investigando la urbanización del agua en la Ciudad de México. Es colaborador habitual en Nexos, Horizontal, Ballotage y otros medios.
  • Tobyanne Ledezma. Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestra en Geopolítica y Seguridad Global por la Universidad La Sapienza de Roma. Ex-Integrante de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

Discusión

¿Cómo es una ciudad a la izquierda y cómo se lucha contra la desigualdad desde una visión de izquierda?

  • Nos encontramos en un momento único en la historia de la izquierda mexicana no sólo en la Ciudad de México, sino a nivel nacional. Ante la actual crisis política del país, es momento de preguntarnos cuál es papel que la izquierda debe desempeñar. Estamos viviendo un resurgimiento de la derecha en el que ha renovado su discurso, que tergiversa conceptos como los derechos a su favor. Esto mismo ocurre con el discurso de transparencia y anticorrupción. Bajo este discurso, la derecha ha ocupado espacios de poder en los que no necesariamente se promueve la lucha contra la desigualdad. La izquierda debe adoptar y ocupar el discurso de anticorrupción y a favor del gobierno abierto. Por esta razón, es importante impulsar la participación ciudadana, pero ésta debe verse como un instrumento para promover en las instituciones la agenda de la izquierda.
  • Para reconstruir la agenda de la izquierda en la ciudad es necesario distinguir dos partes: una programática y otra estratégica.
    • Programática. El programa de cualquier ciudad que se diga de izquierda debe basarse en los derechos, pero debemos dejar de pensar los derechos como cuestiones meramente enunciativas. La izquierda debe luchar porque esos derechos se hagan materiales. Es decir, no se puede hablar de derechos si no se habla de igualdad material sustantiva. Por otra parte, se debe dejar de pensar en los derechos como conceptos meramente individuales. La lucha por derechos efectivos tiene que darse desde la colectividad. Un ejemplo es el derecho a la ciudad: el derecho que tienen todas las personas no sólo a gozar de su ciudad, sino a construirla. La construcción de la ciudad sólo se puede hacer en colectividad.
    • Estratégica. En un contexto local, como el de la Ciudad de México, en el que las atribuciones fiscales del gobierno se encuentran limitadas, una estrategia para luchar contra la desigualdad es enfocarse en los servicios que la ciudad provee. Por ejemplo, el transporte, la vivienda, la distribución de agua son servicios mediante los cuales se debería buscar hacer efectivos los derechos de las personas. Para esto, es necesario pensar en la periferia, es decir, las delegaciones no centrales donde muchas veces se concentra la mayor marginación. La igualdad en la ciudad no será posible si no se promueve un aumento de las inversiones públicas en servicios que favorecen a la mayoría en la periferia.
  • La cuestión de los servicios es fundamental, porque la desigualdad se expresa primordialmente en el espacio geográfico. Por razones históricas y económicas, la mayor parte de la infraestructura se concentra en el centro de la ciudad y conforme los asentamientos se alejan de las delegaciones centrales, la marginación aumenta. La geografía y la escasez de servicios, desde aquellos obvios como la provisión de agua y el transporte público hasta los sistemas de educación y salud, tiene repercusiones directas en las oportunidades que tienen las personas que habitan la ciudad. Mientras el discurso de la derecha habla de una “cultura del esfuerzo”, la realidad muestra que el origen de las personas condiciona su capacidad de superar la marginación.
  • Dada la importancia del espacio geográfico para explicar la continuidad de la desigualdad, la cuestión de la vivienda se vuelve fundamental. Así, la crisis de vivienda actual tiene y tendrá repercusiones muy importantes en la manera en la que las personas habitan la ciudad. La política actual de vivienda en la ciudad se resume en la renuncia del Estado a proveer vivienda popular de manera efectiva. Esto último significa proveer de vivienda popular no sólo a las afueras de la ciudad, sino también en las delegaciones centrales donde muchas personas trabajan. El estado ha perdido el rol protagónico en la materialización de la política de vivienda, ha pasado de un estado que guiaba el desarrollo de vivienda a uno que deja de lado la revisión y supervisión a los proyectos de vivienda. Es imposible pretender la redensificación de la ciudad sin un plan integral de vivienda popular.

¿Quién es la población objetivo y a quiénes afecta más la desigualdad?

  • La izquierda debe gobernar para todas las personas. Ésta es la diferencia esencial entre la derecha y la izquierda: esta última defiende que el Estado está para el beneficio de todos, que nadie debe quedarse atrás, y que si esto sucede habrá políticas públicas que sacarán a las personas de la marginación. Entonces, la política de una ciudad de izquierda debe basarse en gobernar para todos atendiendo en especial a las personas que han sido dejadas atrás por el sistema económico, social y político. Un gobierno de izquierda en la ciudad debe enfocarse principalmente en las personas que habitan zonas de la ciudad que han sido históricamente excluidas.
  • Hay dos poblaciones marginadas. Aquellos habitantes que viven en la periferia de la ciudad, principalmente en las zonas metropolitanas, y que por esta razón tienen un pobre acceso a servicios públicos. El mayor problema con esta población es que no vive dentro de la ciudad y la solución a su exclusión depende de la cooperación de varios niveles de gobierno: la Ciudad de México, los municipios conurbados y el gobierno del Estado de México. La segunda población marginada es aquella que vive dentro de la ciudad, pero por vivir en asentamientos irregulares o recientemente legalizados tienen poco acceso a servicios. Esta población es especialmente vulnerable por la ubicación de los asentamientos donde habitan y por el precario acceso a servicios básicos como transporte y salud.
  • Una ciudad de izquierda es donde no sólo se piense la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de resultados. No sólo se debe buscar el bienestar material, sino el bienestar subjetivo. La izquierda en el gobierno debe procurar la felicidad de los habitantes de la ciudad donde gobierna. La ciudad debe ser una plataforma para que sus habitantes desarrollen sus capacidades y hagan realidad sus planes de vida.

¿Cómo podemos mitigar los efectos de la desigualdad en la ciudad?

  • La izquierda es la única fuerza política que puede hacer un diagnóstico incluyente. El primer paso para luchar contra la desigualdad en la ciudad es repensar la manera en la que concebimos nuestra ciudad. La visión que hoy se tiene es la idea de que las ciudades se integran por individuos aislados. No es así, una ciudad para que funcione bien debe funcionar como una comunidad. Únicamente de esta manera, es posible despertar la solidaridad entre sus personas. La respuesta a la desigualdad debe ser colectiva.
  • Un primer paso es recuperar la visión universalista de las políticas sociales: el estado de derecho debe ser universal y no asistencialista. Políticas como la ayuda a adultos mayores es un ejemplo. Otras políticas que se podrían ampliar son, por ejemplo, aquellas que ayudan a las juventudes como es el caso de Prepa Sí.
  • El diagnóstico que se haga para combatir la desigualdad debe reconocer las necesidades de sus habitantes. La izquierda debe  preocuparse por encontrar soluciones amplias, y no sólo en resolver los problemas de la población como si se tratara de un trámite burocrático.
  • Además de políticas públicas sociales se debe fomentar la participación más allá de la simulación. El mejor ejemplo de la participación como una herramienta útil es el caso de la vivienda. La participación y acercamiento con la población local puede brindar más información sobre los polígonos para entender los efectos que tienen los desarrollos y así poder garantizar que tengan un efecto positivo en sus áreas. Mayor participación puede ayudar a comprender el interés de los vecinos y encontrar un punto de acuerdo con ellos y los desarrolladores  para lograr un mejoramiento barrial.
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: